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Comprarlo antes que tirarlo: así se combate el despilfarro de alimentos

Verónica Gayá

Ni las migas es una ‘app’ que pone en contacto a establecimientos que van a tirar comida, que ya no pueden venderla, con usuarios interesados

C

uatro jóvenes españoles han decidido poner su granito de arena para combatir el desperdicio alimentario a través de una aplicación que conecta a restaurantes o tiendas que venden comida -y al final de día tienen que deshacerse de ellos-, con potenciales clientes.

La idea nació en Dinamarca, donde hay varias iniciativas para frenar el despilfarro de alimentos. “Se trata de localizar a través de nuestra aplicación productos que si no se venden al final del día van a acabar desperdiciados, van a perder su valor económico. Los locales colaboradores muestran los productos, los publican a un precio reducido y establecen una hora de recogida. Así, los usuarios de Ni las migas, que nosotros llamamos ‘migueros’, reservan el producto y los recogen a la hora indicada”, cuenta Fernando González, ingeniero agrónomo y uno de los fundadores.

Los productos o comida elaborada se venden a la mitad de precio o menos. Por ejemplo, una tosta de jamón o salmón de un restaurante que valía 4,5 euros, al final del día puede comprarse por dos euros y pasar a ser recogida entre las 16.30 y las 18.00. Así se evita que esa tosta, que ya no puede volver a ofertarse al día siguiente, acabe en la basura. También se puede encontrar fruta, verdura, zumos...

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de comida al año, un tercio de los alimentos que se producen. “Si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercero con mayor número de emisiones de gases de efecto invernadero del mundo”, explica González.

España no se queda atrás. Cada año tira a la basura 7,7 millones de toneladas de alimentos en todas las fases de la cadena: producción, transporte, hostelería y hogar, según datos del Ministerio de Agricultura. “Hemos perdido el sentido de valor nutricional de la comida y el respeto hacia ella. El sistema agroalimentario ha dejado de entender la comida como una necesidad, es una mercancía, dinero”, apunta el fundador de la ‘app’. “No somos conscientes porque siempre tenemos la comida a mano, sale muy barato producir y con las ventas que se tienen, se amortizan las mermas”.

“El sistema agroalimentario ha dejado de entender la comida como una necesidad, es una mercancía, dinero”

Ni las migas pretende recuperar la cordura en este hábito del desperdicio que parece que ya forma parte intrínseca del sistema. No solo propone una nueva línea de negocio a los establecimientos y una opción de compra más económica a los clientes, sino que pretende abordar un problema mundial haciendo que cada uno tome conciencia y actúe en su parcela de la cadena. Ya cuentan con 10.000 usuarios, mucha gente joven, sobre todo mujeres, “gente con conciencia medioambiental y que quieren hacer un dieta saludable”, apunta. “Muchos estudiantes nos han comentado que les interesaba esta manera de comprar comida más económica, incluso gente que nos decía que estaba pasando por un mal momento y que la iniciativa les resultaba beneficiosa para comer todos los días”.

Confían en que, en poco tiempo, el negocio se consolide en Madrid y comience a ampliar fronteras, con la mirada puesta en Barcelona. “Desde que comenzamos, nos ha contactado muchísima gente, no solo de Madrid, también del resto de España y de Latinoamérica. Queremos viajar allí porque, además, vemos que existe claramente una necesidad”.

“Hemos pensado en llevar a cabo un proyecto piloto en el que los productores puedan ofrecer los excedentes de la cosecha”

La iniciativa no está exenta de dificultades. España es el séptimo país con peores cifras de desperdicio alimentario pero también un terreno difícil para combatir el problema. Uno de los obstáculos es el cambio de hábitos. Para algunos establecimientos, separar las unidades y publicarlas en la ‘app’ todavía supone un esfuerzo. “Es un minuto pero ya supone un cambio” en sus quehaceres diarios, reconoce este ingeniero agrónomo.

Por eso, la aplicación pretende diversificarse y trabajar en todos los niveles. “Hemos hablado con diferentes sectores de la industria agroalimentaria, desde productores a ayuntamientos; hemos pensado en llevar a cabo un proyecto piloto en el que los pequeños productores puedan ofrecer los excedentes de la cosecha a través de la aplicación. Ni las Migas es una buena plataforma para presentar modelos sostenibles de alimentación”, reflexiona González.

El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, tiene como principal objetivo dar a conocer los proyectos de personas que transforman la sociedad e impulsan el progreso.

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